Lo que me trajo hasta aquí
- Analie Vargas
- hace 6 días
- 3 Min. de lectura
Actualizado: hace 5 días

Más que una charla…
El pasado viernes viví una experiencia que marcó un antes y un después en mi vida profesional y personal. Fui invitada a compartir mi historia con un grupo de mujeres con motivo de la conmemoración de el Día Internacional de la Mujer en Hard Rock Hotel y Casino, pero lo que realmente ocurrió fue mucho más profundo.
No hablé desde un título. No hablé desde la perfección. Hablé desde la vida. Y ahí entendí algo clave: La vulnerabilidad es poderosa. Comprendí lo que plantea Brené Brown en The Gifts of Imperfections:
“La autenticidad es la práctica diaria de dejar ir quién creemos que debemos ser y abrazar quiénes somos.”
Las dificultades como escuela de vida
A menudo creemos que las experiencias difíciles son etapas que debemos superar. Memorias que debemos dejar atrás. Hoy lo veo distinto. Las situaciones más complejas de mi vida fueron las que realmente me formaron. No fue fácil, pero fue transformador. Cada reto me enseñó a:
Equivocarme y aprender de mis errores.
Desarrollar resiliencia.
Fortalecer mi carácter.
Tomar decisiones más conscientes.
Y construir una identidad más sólida.
Hoy puedo afirmar con convicción: No soy a pesar de lo que viví… Soy gracias a ello.
El poder de hablar desde la vulnerabilidad
Compartir mi historia no fue fácil. Pero fue liberador. Y, sobre todo, fue útil. Porque entendí que cuando una persona se atreve a mostrarse tal cual es, abre espacio para que otros también lo hagan y tal vez puedan aprender de ello y encontrar inspiración. Hablar desde mis heridas no me hizo débil. Me hizo real. Como nos dijo Giselle Castillo en el pasado Laboratorio de Mentores ¿Cuál es la historia que estás dejando de contar y que no sabes cuán profundamente puede ayudar a otros?
“Solo cuando somos lo suficientemente valientes para explorar la oscuridad, descubrimos el infinito poder de nuestra luz.” Brown, B. (2015). Rising Strong
Todas las personas suman en tu historia
Una de las reflexiones más poderosas que confirmé ese día fue esta: Todas las personas que han pasado por tu vida han sido y seguirán siendo significativas. Algunas te dejaron un legado tangible. Otras te permitieron aprender. Otras te sirvieron como espejo. Y es que incluso las experiencias más difíciles…son las que aportan más crecimiento. Cuando entiendes eso, dejas de vivir desde el resentimiento, comienzas a vivir desde la gratitud y te haces más consciente de tu evolución y de lo que te resta por aprender.
Sanar, agradecer… y avanzar
Sanar no significa olvidar. Significa: comprender, aceptar, soltar y agradecer, incluso lo que dolió. Porque ahí también hubo aprendizaje. Y cuando eliges sanar…eliges liberarte de verdad.
Siempre puedes volver a empezar
Al contar mi historia, mis crisis, mis errores y mis aciertos me di cuenta de algo muy importante: No importa la edad, ni el momento… siempre puedes volver a empezar. No necesitas tener todo resuelto. Sólo necesitas decidir avanzar.
Todos necesitamos comprender que no somos los que nos pasó. Somos lo que decimos hacer con eso. Y cuando eliges sanar, agradecer y reconstruirte empiezas a brillar desde un lugar mucho más auténtico.
Vivir desde el propósito
Ese día, entre otras cosas, conecté profundamente con mi propósito. Mi historia no es sólo personal… puede servir para inspirar, acompañar y transformar. Y eso es exactamente lo que hago. Como plantea Simon Sinek en Start with Why:
“La gente no compra lo que haces, compra por qué lo haces.”
“Si podemos compartir nuestra historia con alguien que responda con empatía, la vergüenza no puede sobrevivir.” Brown, B. (2012). Daring Greatly
Gracias Yara Torres, Lisa Rodríguez y equipo por la oportunidad, por la receptividad y por hacerme sentir en confianza para contar lo que nunca había contado públicamente.




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